Primeros (e increibles) pasos en Filipinas: Norte de Luzon

Hola!!! Después de seis días en Filipinas por fin puedo publicar algo, la precariedad del internet me lo ha impedido hasta ahora. Termino de escribir desde Puerto Princesa, en la isla de Palawan, donde acabamos de llegar.

Filipinas, nuestro itinerario

Nuestro viaje por Filipinas empieza en Luzon, la isla donde se encuentra la capital del país, Manila. Para evitar pasar por la caótica capital aterrizamos en una ciudad famosa por la prostitucion: Angeles. Su aeropuerto era una antigua base militar estadounidense. Nos reciben con sonrisas, saludandonos en español al ver nuestro pasaporte. Como nuestra intención es escapar cuanto antes de la ciudad rumbo al centro montañoso de la isla, donde se encuentra la “Cordillera”, nos vamos directos a la estacion de buses. Allí las diferentes compañías intentan que entremos en su bus y niños descalzos nos piden dinero, todo esto después de un largo viaje y cargados con las mochilas.

La primera impresion fue un poco estresante la verdad, pero en cuanto nos subimos al bus todo fue sobre ruedas. Nos esperaba un trayecto de 7 horas hasta Baguio, la capital de la Cordillera. A menudo subian vendedores de cacahuetes o de pastel a hacer negocio con los pasajeros (eramos los únicos occidentales). Fue ya en este trayecto donde me invadió la sensacion de que estaba en Sudamérica en vez de en Asía: habéis visto alguna vez un documental sobre los pueblecitos de los Andes? O de las aldeas de Peru, Bolivia…? Pues una mezcla de varias cosas me recordaron mucho a esos países (que por cierto no he visitado, pero me encantaría):
Los rasgos faciales, la comida y los edificios, con clara influencia colonial española, el clima, el paisaje montañoso, la religión (son mayoritariamente católicos), los vehiculos pintados de colores llamativos, el colorido de los textiles que hacen a mano… Me encanta.

Cuando llegamos a Baguio, ya de noche, nos encontramos con un atasco monumental, se ve que era el festival de las flores y la mitad de las calles estaban cerradas al tráfico y llenas de carpas y puestos callejeros. El conductor, viendo que llevabamos parados 20 minutos, nos dijo a todos que nos bajásemos, que a pie llegaríamos antes. Así que cogimos nuestras mochilas y comenzamos a andar en la oscuridad siguiendo a la marabunta hasta que llegamos a la calle principal. Todos los hoteles que teníamos fichados estaban llenos y el resto tenían precios desorbitados. Así que apechugamos y pagamos por una habitacion muy, pero que muy corriente, lo mismo que por los mejores hoteles a los que fuimos en noche vieja o navidad.
A la mañana siguiente nos tocó madrugar, ya que Baguio, pese a ser bonito, no estaba en nuestros planes. Cogimos un bus destino a Sagada, en las profundidades de la Cordillera. Después de otras 6 horas de trayecto llegamos al pueblo con el tiempo justo para hacer el check in en el hotel (visto lo visto en Baguio, reservamos el resto de hoteles en la zona), comer e ir a la oficina de turismo a ver si nos daba tiempo de hacer alguna excursion durante la tarde, ya que a la madrugada siguiente cambiariamos de pueblo de nuevo.
La chica de la oficina nos explico que ya era demasiado tarde para la mayoria de excursiones, pero que nos daba tiempo a hacer la “cave connection”. Consiste en entrar por una cueva que conecta con otras dos y al final salir por la tercera, así que aceptamos y nos fuimos los dos solos con nuestro guía, un local bastante callado. Un apunte! No nos lo esperabamos para nada, pero en Filipinas es donde más fácil nos ha sido comunicarnos con los locales. Os prometo que tienen un nivel de inglés que más nos gustaría en España. Lo increible es que tanto un niño de 4 años como un viejete de 80 lo hablan perfectamente. Y no solo en las ciudades grandes, un agricultor que vive en un pueblo alejado de la mano de Dios tambien te lo hablara, los americanos hicieron un buen trabajo.

Volviendo a la excursion de las cuevas, después de una caminata de media hora llegamos a la entrada de la cueva, un agujero enorme y oscuro, custodiado por unos ataudes amontonados. En ese momento nuestro guía nos empieza a explicar que llevemos mucho cuidado, agachemos la cabeza porque hay zonas muy estrechas, y que nos preparemos para mojarnos porque hay zonas inundadas dentro. Y para acabar de asustarnos nos dice que debemos ser el último grupo porque ya estaba empezando a anochecer… He de admitir que el miedo se apoderó de mí, encima nada más empezar comenzamos a bajar y a bajar y a tener que descender verticalmente por cuerdas. Pero cuando ves que puedes hacerlo y te das cuenta de que estas viviendo una experiencia única el miedo se mezcla con euforia y empiezas a disfrutar como un niño. Estuvimos tres horas y media dentro yendo a buen ritmo, incluso nos encontramos con otro grupo y les adelantamos. Luego llegó la hora de mojarse, el agua helada y cristalina llegaba hasta el culo, y asi estuvimos caminando unos 5 minutos. Hay que decir que algunas zonas eran algo peligrosas, pero el guia se esforzó al máximo para que nos fuese fácil atravesarlas. Justo antes de salir llegamos a un gran hall donde el sonido de los murciélagos era casi insoportable (a nuestro guía se le cagaron en el brazo) y luego nos esperaba un camino de casi una hora de noche, bajo la lluvia y el viento. Llegamos al hotel agotados, empapados y helados, pero muy emocionados también.

 

Al día siguiente el despertador estaba sonando ya a las 5:40, nos esperaba un largo viaje hasta el corazón de la Cordillera. Primero hicimos un trayecto de 40 minutos hasta Bontoc, donde desayunamos y formamos un grupito de 9 personas para coger el siguiente transporte. Después de una hora y media llegamos a Banaue, donde ya pudimos ver los primeros anfiteatros de terrazas de arroz, declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Lo malo es que estaban cubiertos de niebla. Desde allí cogimos el último transporte del día, rumbo a Batad, una pequeña aldea en mitad de las mejores terrazas de arroz de la Cordillera.

Cuando, después de casi dos horas, nuestro transporte se paró, el conductor nos dijo que la carretera acababa en ese punto, que nos esperaba un camino (y que camino!) de media hora a pie con las mochilas. Embarrado y en pediente, el camino se hizo bastante duro, pero con las terrazas de arroz asomando por la derecha y locales dandonos la bienvenida a su aldea no fue para tanto. A medida que nos acercabamos nuestro destino me daba cuenta que iba a valer muchísimo la pena el esfuerzo. Es el sitio más auténtico que he visto en todo el viaje y también el más pobre. La mayoría de casas están construidas con algo de madera y chapa metálica, todo lo que hay lo han de traer por ese mismo camino, así que tienen solo lo básico. El hotel mismo, que es el mejor del lugar, tiene solo una ducha de agua fría para todas las habitaciones (hay unas 20), para tirar de la cadena has de llenar un cubo de agua y tirarlo al inodoro. Por supuesto que no hay internet ni cobertura, las paredes son de papel y se escucha todo, y las mantas y toallas escasean. Pero no hemos ido a otro hotel con semejantes vistas ni entorno en nuestra vida. Me gusta pensar que por mucho dinero que tenga un turista, si quiere ver esa maravilla de sitio, va a tener que dormir en un sitio así. A veces el dinero no lo compra todo. Una anécdota: al llegar y ver que ibamos a estar dos días sin poder comunicarnos me preocupé por mis padres, estaba seguro que lo iban a pasar mal. Pues bien, al segundo día me vino una chica del hotel y me dijo que mi padre había escrito un email preguntando si había llegado al hotel. Me quedé muchoas tranquilo, y ellos también. La cosa es que para acceder a internet para comprobar emails y resrrvas tienen que comerse cada mañana el camino a Banaue…

Comer se come muy bien, y en el comedor hay muy buen ambiente, con gente tocando la guitarra y cantando. Eso es otra cosa que ha cambiado bastante respecto al resto de países, no solo nos hemos relacionado mucho más con los locales, tambien con los otros turistas. Quizás al ser un sitio menos turístico y más remoto la gente es más cercana, todos tienen mil historias que contar. También me imagino que la mayoría de gente que va a Filipinas antes ha probado otros muchos países. Son viajeros mucho más auténticos que las pandas de amigotes que te encuentras en otros países de la zona. Quizás el hecho de sentirte tan aislado y rodeado de locales hace que te abras más a tus semejantes.

En Batad hemos estado bastante tranquilos, disfrutando de las vistas desde el bar y haciendo una caminata de 3 horas hasta lo alto de la otra punta del anfiteatro, donde hay un mirador. Menos mal que venden bastones, porque todo es muy empinado y resvaladizo. Yo incluso tuve algún problemilla con el vértigo cuando bordeaba las terrazas. Es todo gigantesco e impresiona mucho. Por último una mencion a los niños, es tan gracioso verlos tan pequeños hablandote perfecto inglés, pidiendote que les compres papeletas para un sorteo de Mr. y Miss Batad… Te los comerías.

Pd. Los últimos días en Malasia fueron para aprovechar y ver todo lo que nos quedaba por ver en Langkawi. También estuvimos enseñando como funciona todo en Alamanda al nuevo voluntario: Brian. Un fanático del Everton (equipo de futbol de Liverpool) de 49 años, un crack!

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Categorías: Filipinas, Primera aventura: sudeste asiático | 13 comentarios

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13 pensamientos en “Primeros (e increibles) pasos en Filipinas: Norte de Luzon

  1. Anónimo

    Me alegra mucho verte tan feliz. Todo viaje es una experiencia y un aprendizaje, y tu acabas de aprender unas cuantas cosas que te quedaran grabadas para toda tu vida y que te han hecho crecer. Sigue aprendiendo y creciendo.

  2. Anónimo

    Por cierto, muy bien escrito y unas fotos impresionantes.

  3. Sasha

    Guaaau!! Vaya parte del viaje, Laura me ha contado un poco por whatsup, pero no es lo mismo verlo en imagenes y con tus palabras que parece que lo esté viviendo en directo!! Gracias por todos los detalles! Un besazo a los dos!

  4. Auri y Rocky

    Nos alegra muchísimo que esteis disfrutando tanto del viaje,y que el esfuerzo de esas largas caminatas y travesias valgan la pena( ya habiamos visto las fotos a través de los whatsapps de Laura) y la verdad es que debe ser impresionante, y dais muuuucha evidia, la verdad.Aunque Laura nos había advertido de los posibles problemas con las cobertuas, nos quedamos más tranquilos al tener noticias vuestras y saber que estabais bien.Seguir disfrutando de la aventura y un beso para los dos

  5. Cristina

    Qué precioso todo!!! Desde luego, toda una experiencia … Es cierto que volveréis con muchos valores añadidos … Aprovechad muchísimo el tiempo que os queda por el paraíso, si el interior es impresionante creo que las playas no se quedan atrás. Y si la gente es más accesible y abierta, ese intercambio será al final una de las mejores cosas que os llevaréis con vosotros. Un abrazo muuuuuuuy fuerte!!

  6. Anónimo

    Precioso todo, vaya viaje más guau. La verdad, el último pueblecito de Filipinas me recuerda bastante a aldeas de la India. Toda una experiencia maravillosa, disfrutadla a tope. Un besado a los dos de Belén y Lalu.

  7. Victoriano

    Hola David. Soy el tío de Laura. Es genial todo lo que publicas. Y las fotos, estupendas. Parece que en Filipinas sí que encontraréis el espíritu “Indiana Jones”…. Je, je. Por cierto, con respecto a lo de falta de Internet…lógico, siendo una antigua colonia española, algo se tenía que pegar… Si es que lo de Internet aquí tampoco es como para tirar cohetes…. Es broma… Jajajaja.. Bueno, a seguir escribiendo así. Y cuando vuelvas, lo mandas a una editorial , que lo de la literatura de viajes está de moda. Yo, si fuera editor, te publicaba. Saludos y dale un beso a Laura.

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