Un reencuentro muy dulce: Bangkok y Chiang Mai

Hola a todos! Después de más de una semana viajando encuentro un hueco para escribir estas líneas. Estamos en Koh Lipe, una pequeña isla en el mar de Andaman y ya solo quedamos dos de los cuatro que nos juntamos hace 7 días en Bangkok.

La llegada a la capital tailandesa fue como siempre lo es para mí, apasionante. Pese a llevar unas 35h de vuelos y escalas encima, nos dejamos impresionar por el cambio cultural, los sabores y los olores. Después de un baño reconfortante en la piscina y una vez nos juntamos con Vicent (que se había escapado unos días de su trabajo en Camboya) fuimos al distrito financiero, Chinatown y de fiesta por la turística Khao San Road. Se puede decir que fueron un día y medio bastante bien aprovechados antes de coger nuestro tren nocturno rumbo al norte: Chiang Mai.

En este caso el tren salía a la una del medio día, y como estábamos en segunda clase (con ventilador) nos asamos de buena manera hasta que el sol nos dijo adiós desde el horizonte. Viajar en tren siempre me ha gustado, pero en trenes antiguos aun más. En cada estación subían locales vendiendo todo tipo de comidas y bebidas. Mientras, nosotros tan tranquilos hablando, comiendo y viendo el contraste de paisajes desde la ventana (ciudad, chabolas, llanuras de arrozales, montañas…).

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Al llegar a Chiang Mai disfrutamos de un buen desayuno (huevos, salchichas, pan con mermelada, zumo…) cortesía de la agencia con la que contratamos el tren. Luego nos fuimos a relajarnos a la piscina y a visitar algún que otro templo. Cuando llegamos al hotel para hacer el check-in (por la mañana no pudimos hacerlo ya que era a partir de las 14:00) resulta que tenían overbooking y había como 10 clientes reclamándoles. En un principio no querían ni devolvernos el dinero ni buscarnos  habitación en otro sitio. Pero después de dos horas batallando conseguimos que nos diesen la habitación de unos clientes que (al contrario que nosotros) habían hecho el pre check-in esa misma mañana y aún no habían vuelto a presentarse. Un cachondeo vamos.

Después de ducharnos y relajarnos un rato fuimos a hacernos, por fin, un masaje. Al contrario que el resto de masajes que me había dado en Tailandia, que fueron en la calle, esta vez decidimos buscar en internet por un buen sitio. Y puedo asegurar que vale la pena, fue el mejor masaje que me han dado nunca. El sitio (Lila Thai Massage) era muy bonito y limpio, nos dieron ropa cómoda para ponernos mientras nos hacían el masaje. Para que os hagáis una idea, una hora de masaje nos costó 200 Baht (unos 5,20€). Para rematar cenamos en unos puestos callejeros muy auténticos cerca de allí.

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Recién llegados a Chiang Mai

Al día siguiente nos esperaba un trekking de dos días, me quedé con ganas de hacerlo la otra vez que estuve allí así que éste era el momento. Después de mucho preguntar y regatear lo contratamos en el primer sitio donde habíamos preguntado por 900 baht (unos 23€) con todo incluido (alojamiento, actividades y comidas). A las 9 nos pasaron a recoger y nos dimos cuenta de que íbamos a ir los cuatro solos, es decir, iba a ser un tour privado (por los que te cobran unos 3000 baht). Primero nos llevaron a una granja de orquídeas y mariposas que no nos interesó mucho y después a un mercadillo local donde nos aprovisionamos de comida (cerdo rebozado, pipas, cortezas de cerdo y unos paquetitos de arroz y banana envueltos en hoja de platanero muy ricos a los que Vicent nos invitó).

A continuación llegamos a un asentamiento al lado del río, donde también estábamos nosotros solos junto con unos cuantos elefantes. Antes de montarlos nos dieron un uniforme de pantalón largo, ya que no íbamos a usar silla de montar y los elefantes tienen una piel muy rasposa, por no hablar de que sus pelos son como alambres. Como solo había tres elefantes Vicent y yo nos subimos juntos mientras Joan y Adri tenían uno para cada uno. La verdad que ir subido en una bestia de ese tamaño impresiona mucho, son animales muy bonitos. Después nos metimos con ellos en el río fangoso y los lavamos. La verdad que no me hacía mucha gracia el tema de los elefantes porque sí que es verdad que en muchos sitios se les trata mal, pero he de decir que donde fuimos nosotros nos dio la impresión de que era un sitio bastante rustico y poco explotado, los elefantes no llevaban ni cuerdas ni sillas (solamente una cuerda mientras los montamos). Después de eso nos comimos un pad thai y nos dieron un paseo en canoa de bambú por el mismo río fangoso.

El próximo destino era el poblado donde íbamos a pasar la noche, así que empezamos un trekking de dos horas no sin antes parar en una cascada a darnos un chapuzón. Nuestro guía nos enseñó un sitio donde tirarse por una cascada de casi tres metros. Yo no tuve valor pero los chicos se lo pasaron como niños. Ahora empezaba lo peor: dos horas subiendo sin parar. El iphone de Joan calculó que subimos más de 700 metros de desnivel en poco más de 2km. Yo personalmente lo pasé fatal, no pudimos disfrutar del camino, aunque tampoco había de qué disfrutar ya que era un camino de 3 metros de ancho por donde alguna vez pasaban motos. Sin sensación de estar atravesando la jungla.

Al llegar a la aldea tuvimos que seguir subiendo hasta la última casa, la que estaba en todo lo alto. Era muy grande y era toda para nosotros. La terraza tenía unas vistas impresionantes y el sol comenzaba a bajar por el horizonte montañoso. Después de ducharnos, cuando ya anochecía, el guía nos preparó un curry delicioso. El día lo acabamos echando una partida de cartas y hablando alrededor de la hoguera. Antes de irnos a dormir Joan y yo cogimos las linternas y nos fuimos a inspeccionar la aldea. De una casa salieron dos perros gruñiendo y ladrando que nos empezaron a acorralar, cuando Joan ya tenía a uno de ellos a menos de un metro salió el dueño pegando gritos y se fueron obedientes. Ya nos planteábamos sacárnoslos de encima a patadas… Pero eso no es todo, cuando ya volvíamos se nos cruzó una serpiente por el camino, le hicimos una foto y la bordeamos con cuidado. Al enseñarle la foto  al guía nos preguntó preocupado que dónde la habíamos visto. Nos explicó que era muy venenosa y que habría que haber ido al hospital si nos hubiese picado. Mal rollito.

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Panorámica desde el balcón (by Joan)

img-20161119-wa0019-01Después de dormir como pudimos, en unas colchonetas sobre un suelo de bambú, escuchando todo tipo de animales, desayunamos un revoltillo de huevos con tomate y cebolla, pan con mermelada y té. Si al día anterior había que subir, hoy había que bajar. El trekking, también de dos horas, fue mucho más ligero y auténtico. Llegamos a otra cascada y después de bañarnos seguimos el curso del río hasta llegar a la zona de rápidos donde íbamos a hacer rafting. Después de ponernos cascos, chalecos y  recibir unas lecciones básicas, nos metimos con el bote en el agua y el espectáculo comenzó. Creo que ninguno de nosotros había hecho rafting nunca y nos encantó, las zonas con rápidos son una pasada, tanto que cuando llegaban aguas tranquilas siempre queríamos más. Hubo un momento en el que casi volcamos y perdemos a Adri, así que nuestro jefe tuvo cambiarnos de sitio para redistribuir el peso. Una experiencia alucinante.

Al acabar comimos arroz frito y fuimos a ver un poblado donde viven las mujeres jirafa, muy curioso verlas en primera persona y ver que siguen practicando su costumbre: las niñas también tenían anillos en el cuello. Se ve que vienen de una tribu de Birmania y se instalaron en cierto momento en el norte de Tailandia. Después de eso tocaba poner rumbo a Chiang Mai, donde Vicent tenía que coger un bus hacía Bangkok.

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En la tribu de las mujeres jiraba, las niñas siguen con la tradición (by Joan)

Quedando solamente los tres mosqueteros, nos fuimos al mercadillo nocturno donde hicimos algunas compras y cenamos. Allí cerca comenzaba el Loi Krathong, un festival que se celebra una vez al año con la luna llena donde se lanzan miles de farolillos (con una vela dentro) al cielo. La corriente de luces no paró durante horas, había también una cabalgata, aunque este año sin música, debido al reciente fallecimiento del rey. Eso es otro tema del que quería hablar, se ha cumplido ya un mes desde su muerte y la gente sigue vistiendo de negro, venerándolo y respetando el silencio en las calles. Un contraste muy llamativo con el ambiente festivo que viví el año pasado aquí por motivo de su (último) cumpleaños.

Después de eso volvimos al hotel a hacer las mochilas, el despertador sonaría a las cuatro de la mañana para emprender otro pesado viaje hacia donde estamos ahora, Koh Lipe. Nos despedimos de Joan, que de momento sigue disfrutando de Chiang Mai antes de cruzar a Laos y nos quedamos Adri y yo, los mismos que vamos a estar juntos mínimo durante tres meses, hasta Nueva Zelanda, donde probablemente volvamos a tener nuevos compañeros.

Hasta la próxima!

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Categorías: Segunda aventura: Oceanía y sudeste asiático, Tailandia | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Un reencuentro muy dulce: Bangkok y Chiang Mai

  1. Nacho

    Estupenda aventura y preciosas fotos, todo un recuerdo de un estupendo viaje. Seguir disfrutandolo, y llevar cuidado. Un abrazote.

  2. Anónimo

    Eso eso!! sigue poniendo información para que os sigamos la pista!

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